Marta Abrego Olano
Prevención de la hipoacusia en el niño
Donostia, 9 de Octubre de 2.003
INTRODUCCIÓN
La importancia del sentido del oído es tal
que un niño sordo, sobre todo en los seis primeros años de su vida, se
convierte en un niño profundamente discapacitado. A través del oído, en esa
etapa, conseguimos aprender el lenguaje oral. Sin ese aprendizaje nuestro
pensamiento no tendría los “ladrillos” o el material adecuado para
desarrollarse y... ¿qué haríamos sin nuestro pensamiento? Nuestras ideas se
estructuran en palabras y frases. Imagínense que no conociésemos ningún
lenguaje y nuestra mente no pudiera elaborar ninguna frase, ninguna idea; sin
hablar de la abstracción o el razonamiento lógico, que serían imposibles sin un
lenguaje en el que idear. Sólo
tendríamos sensaciones (frío, calor, dolor, hambre, sueño, cansancio,...) y
sentimientos (enfado, felicidad, placer, ira, desconcierto, miedo, amor, odio).
Es posible que de alguna manera consiguiésemos expresarlos, sin duda, pero no
con la cantidad de matices que permite el lenguaje oral.
Sin el lenguaje el hombre no habría llegado hasta la actualidad, a un
momento en el que el desarrollo de las comunicaciones permite que el acceso a
la información sea tan amplia y rápida que los avances en investigación son
compartidos por muchas personas, lo que hace posible una velocidad de
desarrollo difícilmente imaginable en otras épocas.
Ahora... piensen un momento y fíjense en que
han podido comprenderme gracias a que en su infancia aprendieron un lenguaje, a
través del oído de forma natural, o mediante otros sistemas los que fueron
sordos, si es que alguno lo fue, y a que hoy en día son capaces de oirme,
aunque alguno precise de prótesis auditiva o de apoyo en lectura labial.
Con todo esto quiero resaltar la importancia
de evitar en lo posible la sordera o la
hipoacusia en nuestros niños en la época prelocutiva, pues cada uno, como
individuo tiene derecho a la adquisición de un lenguaje. Y, una vez adquirido
ese lenguaje, hay que mantener la audición lo más sana posible, intentando
evitar o curar los procesos que conlleven una sordera pasajera o una hipoacusia
irreversible como secuela.
Vamos a intentar estudiar el síntoma
“hipoacusia” dentro de la patología pediátrica. Veremos cuando sospecharlo,
pues el niño difícilmente lo va a expresar, y cuando tratarlo, para evitar un
“tiempo de sordera” durante la enfermedad excesivamente largo y una hipoacusia
como secuela . No vamos a profundizar en el tratamiento, pues lo que nos reúne
hoy es, fundamentalmente la prevención.
PREVENCIÓN
Existen tres gestos o actitudes fundamentales
para mantenernos alerta sobre la hipoacusia:
1.-
Otoscopia sistemática
Hay que realizar una otoscopia
sistemáticamente a todos los niños que acuden a la consulta, tanto en la
consulta diaria por patología general como en las revisiones.
Con ello cumpliremos dos objetivos:
- aprendizaje de patrones de
normalidad/patología
- detectar problemas timpánicos que el niño
no refiere, no por ser asintomáticos sino porque el síntoma sordera pasa
desapercibido o es muy difícil de expresar para un niño:
- Patología del conducto auditivo externo
- Tapones
- Estenosis congénita
- Tímpano
-Atrofia
- Perforaciones
- Placas de esclerosis
- Otitis media serosa
Todas estas enfermedades pueden manifestarse
con un único síntoma, la hipoacusia, que, además, no les va a llevar a la
consulta, y que nosotros podemos detectar y tratar si es posible.
2.-
Interrogar sobre problemas de audición en las revisiones periódicas
Durante la anamnesis hay que insistir en
aquellos signos que nos van a alertar sobre una posible hipoacusia:
¿ Hace cualquier gesto al oír un ruido?
¿ Percibe el niño la presencia de otra
persona en la habitación sin verla?
¿ Atiende cuando se le llama?
¿ Tiene un lenguaje adecuado a su edad?
3.-
Seguimiento de la audición en las enfermedades otológicas y generales con
repercusión sobre la audición
Vamos a hacer un repaso de las enfermedades
que producen hipoacusia durante el curso de las mismas y de la hipoacusia como
secuela.
La hipoacusia como síntoma de enfermedad
otológica
1.-
Otitis media aguda
.- Mastoiditis
.- Laberintitis
.- Otitis media de repetición
2.-
Disfunción tubárica
.- Otitis media serosa
3.-
Hipoacusia genética
.- congénita leve progresiva
.- genética progresiva
4.-
Traumatismo acústico agudo
5.-
Traumatismo ótico
1.-
Otitis media aguda
La otitis media aguda produce una sordera de
transmisión de leve a moderada (entre los 30 y 50 dB) y que si se resuelve
correctamente dura un tiempo limitado (un mes). El proceso agudo se resuelve en
7-10 días y es muy frecuente que quede una otitis serosa que se resuelve
espontáneamente en el plazo de un mes. Por tanto la intensidad y el tiempo de
sordera no nos van a condicionar a la hora del tratamiento.
El seguimiento ideal, una vez instaurado el
tratamiento, consistiría en revisar al niño al finalizar el tratamiento, y si
persiste una otitis serosa, una nueva revisión al mes. Si existe una alta
presión asistencial en la consulta y no se programan las revisiones pensando
que si existe algún problema volverán a traer al niño hay que tener en cuenta
que sólo el dolor, la fiebre y la otorrea les hará volver. Por ello, considero
una buena advertencia la de decir a los padres que si observan una hipoacusia
pasado un mes vuelvan a traer al niño a la consulta.
Existen tres situaciones que merecen una
atención especial
.- Mastoiditis
Hay
que sospechar una mastoiditis cuando no hay una buena respuesta al tratamiento,
persiste la fiebre y empeora el estado general, el tímpano aparece a tensión o
la otorrea no cede; o cuando tengamos una otitis media aguda que aparentemente
mejora con tratamiento pero se repite a los pocos días de retirarlo. Será más
fácil de diagnosticar si ya aparece la inflamación retroauricular.
Después de una mastoiditis siempre hay que
hacer una audiometría para descartar una hipoacusia de transmisión como secuela
(osteolisis, adherencias,...)
.- Laberintitis
Si además aparece vértigo y acúfenos, y hay
una hipoacusia más marcada, hay que
sospechar una afectación del laberinto: infección directa o toxicidad por los
tóxicos que atraviesan la membrana redonda (laberintitis tóxica o serosa).
También en este caso hay que pedir siempre
una audiometría tras la infección para descartar, en este caso, una hipoacusia
de percepción como secuela.
.- Otitis media de repetición
En los casos de otitis media de repetición
hay dos aspectos a tener en cuenta: la prolongación del “tiempo de sordera” y
las posibles secuelas en el oído medio y tímpano con su hipoacusia de
transmisión correspondiente.
Si la otitis se recuperara “ad integrum”, con
rapidez y sin dejar otitis serosa no habría que tomar ninguna determinación
especial respecto a la sordera, salvo tratar los episodios agudos.
Pero esto no es lo habitual, sino que lo que
vemos en la consulta diaria es que la otitis aguda deja una otitis serosa
residual, que de nuevo vuelve a infectarse, de forma que entre episodios agudos
y otitis serosa pueden pasar meses, incluso años de “tiempo de sordera”.
Por ello la actitud a tomar sería:
- insistir en la limpieza nasal con suero e
iniciar el hábito de sonarse lo antes posible
- si hay más de 3 episodios/año valorar otros
posibles factores susceptibles de tratamiento:
- hipertrofia adenoidea o adenoamigdalar
- alergia
- inmunosupresión
- si no hay otro factor tratable y hay más de
tres episodios en seis meses o seis episodios en el último año, hay que
plantear el tratamiento con amoxicilina 20 mg/Kg/día en dosis única durante 3
meses y volver a valorar. La siguiente opción terapéutica será la colocación de
drenajes transtimpánicos.
2.-
Disfunción tubárica
.- Otitis media serosa
La otitis media serosa respecto al síntoma
sordera tiene dos consideraciones muy importantes:
- su prolongación en el tiempo
- la destrucción de la capa fibrosa del
tímpano, con la aparición de atelectasias parciales o completa.
Por ello considero que hay que tener en
cuenta tres factores importantes respecto de la sordera para establecer un
tratamiento quirúrgico:
.- clara asociación de una hipertrofia
adenoidea o adenoamigdalar
.- más de tres meses de evolución
(prolongación del tiempo de sordera)
.- hipoacusia mayor de 40 dB, puesto que
indica ya la aparición de lesión timpánica
.- otoscopia con gran retracción timpánica,
zonas monoméricas, adherencias a promontorio o articulación incudo-estapedial,
osteolisis.
3.-
Hipoacusia genética (congénita o no)
No debemos olvidar que una hipoacusia
congénita leve o una hipoacusia genética que al nacimiento presenta una
audición normal, pueden ir progresando durante la infancia. Lo más alarmante de
estas enfermedades es que la hipoacusia puede aparecer como síntoma único y
lentamente progresivo, por lo que es fácil que se escape a los padres y
educadores. Por ello, nosotros debemos estar siempre alerta siempre que aparezca
un niño en nuestra consulta, independientemente del motivo de consulta.
Vamos a hacer un repaso de las enfermedades
de origen genético que producen hipoacusia e intentaremos señalar (marcadas en
negrita) aquellas que pueden escapar al screening neonatal y, sin embargo, ir
produciendo una hipoacusia progresiva en la edad infantil.
HIPOACUSIA SINDRÓMICA
- Síndrome braquio-oto-renal (2% de la
hipoacusia profunda)
autosómico dominante con penetración
incompleta
Malformaciones de oído externo, medio e interno
que determinan una hipoacusia ya en el nacimiento. Se acompañan de anomalías
branquiales y renales
- Síndrome de Treacher Collins o disóstosis
cráneo-facial
autosómico dominante
Malformaciones de oído externo y medio con
hipoacusia de transmisión en el nacimiento, acompañada de deformación de
fisuras palpebrales con coloboma, hipoplasia mandibular y zigomática, y paladar hendido.
- Síndrome
de Usher (8% de la hipoacusia profunda)
autosómico recesivo
Tipo I : hipoacusia congénita y retinosis
pigmentaria de inicio en la infancia
Tipo II: hipoacusia congénita y retinosis de
inicio en la adolescencia
Tipo III: hipoacusia progresiva y comienzo
variable de la retinosis
- Enfermedad
de Norrie
herencia recesiva ligada al sexo
Ceguera congénita e hipoacusia que aparece
durante la infancia y progresa hasta hacerse profunda.
- Síndrome
de Aport
heterogeneidad genética (ligada al sexo,
autosómica dominante y recesiva)
Glomerulonefritis con alteración progresiva
de la función renal en la adolescencia o edad adulta asociada a hipoacusia que
comienza cuando la función renal empieza a deteriorarse. Progresa durante la
infancia o adolescencia y se estabiliza en la edad adulta.
- Síndrome de Pendred (4-7% de la hipoacusia
profunda sindrómica)
autosómica recesiva con penetración
incompleta
Hipoacusia congénita (generalmente estable,
aunque puede progresar algo durante la juventud) asociada a bocio difuso.
- Síndrome de Waardenburg
autosómica dominante (tipos I, II y III) y
autosómica recesiva (tipo IV)
Hipoacusia congénita no progresiva, uni o
bilateral, de leve a profunda. Asociada a heterocromía de iris, alteraciones
pigmentarias en la piel y mechón blanco en la frente.
- Neurofibromatosis tipo II
autosómico dominante con penetración casi
completa
Schwannomas vestibulares bilaterales que
producen hipoacusia en adultos jóvenes. Se acompaña de cataratas, manchas café
con leche y meningiomas.
- Hipoacusias
sindrómicas de herencia materna
Se transmiten a través de DNA mitocondrial
Existen varios síndromes con este tipo de
herencia pero en todos se asocian otros síntomas, generalmente neurológicos,
miopatías o diabetes. Son de comienzo y evolución variable
HIPOACUSIA NO SINDRÓMICAS
- Hipoacusias
de herencia autosómica (dominante y recesiva)
Se han localizado 19 genes diferentes
relacionados con estas hipoacusias.
Como regla general en los pacientes de
familias con herencia dominante la hipoacusia es mayoritariamente postlocutiva
y progresiva, mientras que en las familias con herencia recesiva la hipoacusia
es mayoritariamente prelocutiva, profunda y no progresiva.
- Hipoacusias
de herencia ligada al sexo
Se han descrito 4 genes de hipoacusia ligada
al sexo
En general se manifiestan como hipoacusia
congénita moderada o profunda en los varones y como hipoacusia moderada y progresiva
de inicio en la edad adulta en las mujeres, aunque existe algún caso (gen DFN6)
en la que en los varones el inicio es entre los 5 y 7 años.
- Hipoacusia
de herencia materna
Se transmiten mediante el DNA mitocondrial
Existen varias mutaciones conocidas, que
producen una hipoacusia no congénita y progresiva, a veces de inicio en la
infancia o adolescencia.
Hay que destacar en este grupo una mutación
que hace a los individuos que la padecen susceptibles de padecer hipoacusia con
dosis bajas de aminoglucósidos.
Dentro de las hipoacusias sindrómicas es más
fácil tener algunos datos que nos hagan sospechar una hipoacusia:
- Retinosis (Síndrome de Usher tipo III)
- Ceguera congénita (Enfermedad de Norrie)
- Glomerulonefritis (Síndrome de Aport)
- Miopatía, síntomas neurológicos, diabetes,
antecedente de sordera materna (enfermedades sindrómicas de herencia materna)
Sin embargo, en las hipoacusias no
sindrómicas la única pista que nos pueda hacer sospechar una hipoacusia es el
antecedente familiar de hipoacusia. Pero tenemos que tener en cuenta que,
generalmente, la penetración del gen de la hipoacusia es muy variable y puede
que el familiar afectado tenga un cuadro leve, que ni siquiera es tenido en
cuenta, y en cambio el niño que estemos viendo tenga una hipoacusia más
incapacitante. En la hipoacusia de herencia materna hay un cuadro concreto en
el que se desencadena la hipoacusia tras la administración de amninoglucósidos
por una susceptibilidad especial. Por tanto, evitaremos estos medicamentos en general,
pero en especial en aquellos con un antecedente de este tipo.
Por ello, me gustaría insistir en que hay que
estar siempre alerta y que el screening neonatal no nos debe dar la falsa
sensación de seguridad de que todas las hipoacusias van a ser detectadas al
nacimiento.
4.-
Traumatismo acústico agudo
El traumatismo acústico agudo suele estar
producido por explosiones y en ese caso pueden lesionar el oído mediante
mecanismos:
- el barotrauma:
La gran diferencia de presión produce
lesiones en oído medio: rotura timpánica, luxación de huesecillos, fractura de
estribo y/o edema de mucosa; o en oído interno por hundimiento del estribo en
la ventana oval y rotura de la membrana de la ventana redonda.
- el sonido excesivamente intenso:
la enorme energía sonora produce alteraciones
en aquella porción del neuroepitelio del órgano de Corti donde el
desplazamiento de la membrana basilar es máximo, en función de las frecuencias
principales de la composición del sonido traumatizante.
Por ello, ante un traumatismo acústico en el
niño ¿qué debemos hacer?:
- hay que determinar por otoscopia las
lesiones timpánicas y tratarlas si procede, sobre todo de manera preventiva
para evitar la sobreinfección, pues no podremos hacer mucho más:
- si hay lesión timpánica, daremos un
antibiótico oral profiláctico y nunca aplicaremos gotas óticas, ni siquiera
analgésicas. Indicaremos a los padres que no se moje el oído afectado hasta la
recuperación completa.
- si hay edema de mucosa, con otitis serosa,
o incluso con hemotímpano, se debería prescribir un antibiótico oral junto con
un corticoide durante unos días.
- hay que realizar una audiometría lo antes
posible, incluso aunque no haya lesión timpánica.
- si hay una hipoacusia de transmisión habrá
que tratar las lesiones de oído medio que existan
- si hay una hipoacusia de percepción habrá
que poner un tratamiento urgente mediante corticoides y vasodilatadores. Se han
utilizado también oxígeno hiperbárico y expansores de plasma.
Con todo esto quiero señalar que el traumatismo
acústico agudo, más si va acompañado de una explosión, no es una patología
banal y que hay que estar atento a las lesiones que pueden dejar.
Dentro del traumatismo ótico aparentemente
leve, que es el que se va a tratar en la consulta de pediatría hay que tener en
cuenta que:
- el traumatismo de conducto auditivo
externo, salvo que el desgarro sea muy extenso, suele curar espontáneamente sin
dejar secuelas. Hay que evitar mojar la herida y si sangra mucho se pueden
echar unas gotas de agua oxigenada.
- el traumatismo timpánico puede ser más
grave de lo que parece, pero no podremos hacer nada hasta la fase de secuela.
Si el tímpano se cierra totalmente no debemos dar de alta al niño sin hacerle
antes una audiometría, pues podemos tener una lesión osicular o unas
adherencias que nos estén dando una hipoacusia.
La hipoacusia como secuela
1.-
Alteraciones timpánicas
.- Perforación
.- Otitis adhesiva
2.-
Alteraciones de la caja del tímpano
.- Osteolisis de cadena
.- Adherencias
.- Timpanoesclerosis
3.-
Colesteatoma
4.-
Enfermedades sistémicas
5.-
Ototoxicidad
1.-
Alteraciones timpánicas
Las lesiones timpánicas crónicas que vamos a
ver pueden ser secuela de cualquier enfermedad ótica clásica: otitis media
aguda, otitis serosa, traumatismos, disfunción tubárica, etc... Todas van a
producir una hipoacusia de transmisión permanente, que según su gravedad, vamos
a tener que tratar mediante audífono o, si existe la posibilidad,
quirúrgicamente.
Todas las vamos a poder diagnosticar mediante
la otoscopia.
.- Perforación:
Dependiendo del tamaño y de la localización
de la perforación el grado de hipoacusia va a ser diferente. Generalmente las
más pequeñas y marginales producen menos hipoacusia (5-10 dB) mientras que una
perforación pantimpánica puede llegar a dar unos 40 dB de pérdida.
.- Otitis adhesiva:
Cuando el tímpano sufre una agresión se
produce una lesión de las fibras de colágeno de la capa fibrosa (capa
intermedia de sostén) con lo cual queda un tímpano muy delgado, sin elasticidad
y con tendencia a deprimirse, sobre todo si hay una presión negativa en el oído
medio. Existen diferentes grados de esta patología, desde una pequeña bolsa de
retracción en una zona marginal, hasta una otitis adhesiva total en la que
vemos esqueletizada toda la estructura del oído medio, y aunque parezca una
perforación, si nos fijamos bien podemos ver la capa epitelial timpánica
recubriendo todas las estructuras. Una situación muy común es la aparición de
una zona de atrofia sobre la articulación incudo-estapedial (yunque y estribo)
con fijación de ésta o incluso lisis de la apófisis larga del yunque.
2.-
Alteraciones de la caja del tímpano
De nuevo pueden estar producidas por
cualquier enfermedad del oído y producirán una hipoacusia de transmisión.
.- Osteolisis de cadena
Las más frecuentes son la lisis de la
articulación incudo-estapedial y la amputación del mango del martillo
.- Adherencias
Son pequeñas bandas fibrosas que unen el
borde de una perforación con los huesecillos o las paredes del oído medio, o
estos dos últimos entre sí con tímpano íntegro
.- Timpanoesclerosis
Es la aparición de pequeñas placas de
esclerosis calcificadas tanto en el tímpano como en la caja del tímpano o
depositadas sobre los huesecillos. Cuando aparecen sólo como unas pequeñas
manchas sobre el tímpano no producen hipoacusia ni ningún otro síntoma por lo
que no hay que alarmarse. Aparecen muy frecuentemente, incluso en niños, y
generalmente son pequeñas secuelas de haber padecido enfermedades óticas,
aunque pueden aparecer también en niños o personas que no tengan antecedentes
claros.
3.-
Colesteatoma
El colesteatoma es una enfermedad que afecta
tanto al tímpano como a la caja timpánica, por lo que podíamos incluírlo en los
anteriores puntos. Pero lo ponemos a parte porque tanto o más que una secuela
se puede considerar una enfermedad en sí mismo.
Puede producir hipoacusia de transmisión o
mixta. Generalmente lo podemos diagnosticar por la otoscopia aunque no podemos
olvidar que existen colesteatomas congénitos con tímpano íntegro difíciles de
diagnosticar, sobretodo porque pueden dar como síntoma único la hipoacusia con
otoscopia normal o lesiones que se ven dependiendo de la transparencia
timpánica.
Suelen aparecer como una perforación atical o
marginal por la que aparece unas masas de tejido blanquecino.
Su tratamiento es siempre quirúrgico
4.-
Enfermedades sistémicas
Existen diferentes enfermedades que pueden
abocar en una hipoacusia adquirida postnatal. Suelen producir hipoacusias de
percepción uni o bilateral:
- las enfermedades víricas, sobre todo las
exantemáticas pueden producir secuelas neurológicas y entre ellas hipoacusia.
Destaca la parotiditis como causa relativamente frecuente de hipoacusia
unilateral grave. También el sarampión, rubéola, tos ferina, herpes, varicela y
virus de la gripe. Algunas de estas enfermedades son frecuentes en nuestro
medio, otras no tanto, pero no hay que
olvidar la posibilidad de una hipoacusia como secuela.
- las meningitis y encefalitis bacterianas,
incluyendo las específicas como tuberculosis o lúes, producen hipoacusias
bilaterales que muchas veces son profundadas.
- las enfermedades endocrinas como la
diabetes y las alteraciones tiroideas.
Por ello considero necesaria la realización
de audiometrías de control en los niños que padezcan estas enfermedades, más si
tenemos en cuenta que van a ser pocos casos y que no van a saturar las
consultas.
5.-
Ototoxicidad
Existe una larga lista de medicamentos
ototóxicos que deberíamos conocer. Es verdad que la mayoría de ellos se utilizan
pocas veces, pero no por ello podemos olvidar su efecto tóxico.
Si sometemos a un niño a una medicación
ototóxica podemos controlar el daño coclear mediante los productos de
distorsión, modalidad de otoemisión acústica provocada que se genera mediante
la estimulación mediante dos tonos puros simultáneos. Es un método que permite
hacer un buen rastreo frecuencial y que, en varios estudios, ha demostrado
detectar daño coclear antes de que se afecte la audiometría tonal. Por ello, si
mediante este sistema detectamos de forma precoz el daño en el oído podremos
replantear el riesgo/beneficio del tratamiento que estamos utilizando.
El screening neonatal a brindado a los
servicios de ORL la oportunidad de disponer de este tipo de aparatos con los
que se va a poder controlar la ototoxicidad antes de que sea demasiado tarde.
Tabla I : Fármacos ototóxicos
Antibióticos
Aminoglucósidos Polipéptidos Tetraciclinas Otros
Estreptomicina Polimixina Minociclina Vancomicina
Dihidroestreptomicina Viomicina Eritromicina
Neomicina
Kanamicina
Amikacina
Gentamicina
Tobramicina
Sisomicina
Netilmicina
Diuréticos Antiinflamatorios Derivados de la quinina
Ácido
etacrínico Salicilatos Quinina
Furosemida Ácido mefenámico Quinidina
Bumetanida Cloroquina
Antineoplásicos Otros
fármacos
Cisplatino Pentobarbital
Carboplatino Hexadina
Bleomicina Mandelamina
Mostazas
nitrogenadas
Vincristina
Vinblastina
Diclorometotrexato
De todo el listado de fármacos ototóxicos
voy a dar sólo unos pequeños apuntes,
ya que entiendo que son los que van a preocupar en la consulta primaria de
pediatría:
- se ha demostrado la ototoxicidad de la
eritromicina, y, aunque el mecanismo no está muy claro, parece ser que es por
la afectación de las vías auditivas centrales. Produce una hipoacusia en
frecuencias conversacionales y agudas, por lo que los adultos pueden
detectarlas. Suele acompañarse de acúfenos y suele ser reversible. Su efecto
tóxico guarda relación con la dosis aumentando también en individuos con insuficiencia
renal o hepática. No he encontrado estudios en niños pero parece prudente
aconsejar que nos ajustemos bien a las dosis en los niños y que si aparece
algún síntoma otológico (acúfeno o hipoacusia) suspendamos el tratamiento y
evitemos en adelante el uso de este macrólido. No existe evidencia de que los
otros antibióticos del grupo de los macrólidos a las dosis y tiempo de
tratamiento de prescripción habituales produzcan problemas de ototoxicidad.
- se conoce la ototoxicidad de los
salicilatos desde el siglo XIX. El uso de dosis altas de salicilatos (6-8
gr/día en el adulto o un nivel plasmático de 40 mg/100 ml) produce una
hipoacusia neurosensorial precoz (en horas), bilateral, simétrica y reversible
(desaparece a los 2-4 días tras finalizar el tratamiento). Por tanto el uso
habitual a dosis moderadas del ácido salicílico en niños no se puede considerar
tóxico. Es verdad que en los adultos con hipoacusias de percepción solemos
indicar que intenten evitar los salicilatos de forma habitual.
- por último me gustaría destacar que algunos
aminoglucósidos, la vancomicina y la quinina y sus derivados producen una
hipoacusia irreversible y que, además, progresa una vez retirado el
medicamento. Por tanto, si llega a vuestra consulta algún niño sordo por estos
medicamentos debéis saber que precisarán un control audiológico para ir
readaptando sus prótesis auditivas, y si llegara el caso, para plantear la
posibilidad de un implante coclear.